Pocas cenas son tan agradecidas como un plato de pasta al pesto: se hace en el tiempo que tarda el agua en hervir y la pasta en cocerse, y con muy pocos ingredientes consigue un sabor muy completo. Esta receta funciona tanto con pesto casero como con uno bueno comprado, así que se adapta al tiempo que tengas ese día.
El truco para que el pesto quede cremoso y no se seque sobre la pasta es reservar un poco del agua de cocción antes de escurrir; ese almidón ayuda a ligar la salsa con la pasta sin necesidad de añadir más aceite.
Es un plato muy socorrido para tener siempre en mente cuando no hay ganas de complicarse, y también funciona bien para improvisar una comida cuando llegan visitas de última hora, ya que sus ingredientes suelen estar en cualquier despensa.
Ingredientes
- 200 g de pasta corta (fusilli, penne o similar)
- 4 cucharadas de pesto (casero o comprado)
- 1 puñado de piñones tostados (opcional)
- Queso parmesano rallado al gusto
- Sal para el agua de cocción
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
Elaboración paso a paso
- Cuece la pasta: Pon a hervir abundante agua con sal. Cuando rompa a hervir, añade la pasta y cuece el tiempo que indique el paquete, normalmente entre 9 y 11 minutos.
- Reserva agua de cocción: Justo antes de escurrir, reserva un vaso pequeño del agua de cocción; su almidón ayudará a ligar la salsa.
- Mezcla con el pesto: Escurre la pasta y vuelve a ponerla en la olla o en un bol grande. Añade el pesto y un chorrito del agua reservada, y remueve bien hasta que la pasta quede uniformemente cubierta.
- Ajusta la textura: Si la ves demasiado espesa, añade un poco más de agua de cocción, cucharada a cucharada, hasta lograr una salsa cremosa que envuelva bien la pasta.
- Sirve: Sirve caliente con piñones tostados y queso parmesano rallado por encima.
Consejos y variaciones
Nunca cocines el pesto en la sartén con calor fuerte: la albahaca pierde color y sabor con temperaturas altas, así que solo hace falta mezclarlo con la pasta ya escurrida, sin necesidad de fuego. Si usas pesto casero y lo quieres más ligero, puedes aligerarlo con un poco de yogur natural en lugar de más aceite. Para una versión con más proteína, añade pollo a la plancha en tiras o unos garbanzos cocidos. Si te sobra pasta de un día para otro, un chorrito de aceite de oliva antes de guardarla en la nevera evita que los fideos se apelmacen entre sí.
Preguntas frecuentes
¿Se puede usar pesto rojo en lugar del verde?
Sí, el pesto rojo (con tomates secos) funciona igual de bien con esta misma técnica; solo cambia el sabor final, que es algo más intenso y ligeramente ácido.
¿Por qué se me queda la pasta seca al mezclarla con el pesto?
Casi siempre es porque falta el agua de cocción reservada. El almidón de esa agua es lo que ayuda a que la salsa se adhiera bien a la pasta en lugar de quedarse pegada al fondo del bol.
¿Es apta para veganos?
Depende del pesto que uses: el pesto tradicional lleva queso y a veces mantequilla. Para una versión vegana, busca un pesto sin lácteos o prepáralo casero sustituyendo el parmesano por levadura nutricional.
¿Se puede comer fría, tipo ensalada de pasta?
Sí, es una buena opción para llevar de tartera. En ese caso, añade un chorrito extra de aceite de oliva antes de guardarla en la nevera para que no se reseque.
